¿Ya es Septiembre?

Septiembre es comienzo, ponerse al día después de las vacaciones. Lanzarse a la rutina y a planear nuevos retos. Al menos esto ha sido para mí en los últimos años.

Antes de que existiera utilitas septiembre era rutina, retomar lo que había dejado pendiente en julio y tratar de volver a ese punto en el menor tiempo posible. Se puede tardar poco tiempo en volver a la rutina, pero es imposible volver al mismo punto, porque ese punto es pasado, y ya fue. Por poco que haya sucedido desde aquel momento, tú ya no eres la misma persona, con lo cual el punto que buscas y que encuentras (si es que lo encuentras) es diferente.

Desde que estoy en utilitas, hablar de rutina para mí es una utopía. Es algo que persigo, pero que difícilmente encuentro, porque este trabajo es de todo menos rutinario. Así que Septiembre para mí es momento de reflexión. Y este año, por razones que no alcanzo a entender, más que nunca.

mujer sentada ante un paisaje desértico
Photo by Patrick Schneider on Unsplash
Las vacaciones que me he tomado, han sido un tiempo de MA, tal y como te contaba en este post antes de irme. Pero también han sido un tiempo de desconexión conmigo misma, algo que no te recomiendo, una desconexión de la que no he sido consciente hasta que he vuelto a "mi rutina".

Aún no tengo claro del todo por qué ha sucedido esta desconexión tan potente, pero supongo que en algún momento empezaré a entender.

Cuando me desconecto de mí, dejo de escuchar lo que siento, lo que quiero y lo que necesito para mí. Aparentemente y desde fuera se me ve normal, haciendo cosas, disfrutando (no siempre), pero si me pregunto por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo, no soy capaz de responder, no soy capaz de razonar lo que me ha llevado ahí. 

Cuando me desconecto de mí, vivo como en la superficie, en lo exterior. Estoy pendiente de lo que sucede, de lo que hago y hacen el resto, o de lo que hay que hacer. Soy todo acción y reacción pero sin propósito, sin intención, sin reflexión. Me concentro tanto en esa acción, que las personas de mi entorno pasan a convertirse en fichas de un juego, mi juego personal, en el que yo decido qué es lo que debe ocurrir. Dejo de verlas como entes completos y me olvido de que tienen necesidades y sentimientos.

Cuando me desconecto de mí, pierdo el foco de lo que quiero, de lo que soy y de lo que deseo en el presente y para mi futuro. Me olvido de todo lo que he hecho, de los retos conseguidos, de los proyectos que me motivan y empiezo a pensar en términos de corto plazo. Me entra la urgencia por tomar el camino más fácil, por tratar de solucionar de un plumazo aquello que no funciona. Me olvido de que soy persona y me convierto finalmente en otra ficha de mi juego.

No sé si esto que te cuento te suena de algo, si te sientes o has sentido así en algún momento, perdido y desorientado. Y aunque quizá hayas sido consciente de lo perdido que estabas, como lo he sido yo,  puede que no hayas podido salir de ahí, como me ha ocurrido a mí (aún estoy un poco ahí).

Toda esta desconexión que puedes estar viviendo, te va a servir para algo, y lo tendrás que descubrir. Pero es un proceso quizá más largo y complejo de lo que piensas. El primer paso obviamente es darte cuenta de que te sientes ajeno a ti mismo, quizá sientes que eres más el yo de tu pasado que el de tu presente. Quizá te reconozcas en viejas formas de actuar, incluso te mires al espejo y te veas tan diferente que te cueste recordarte.Y una vez que te miras al espejo y no sabes lo que estás haciendo allí, solo queda parar.  Es lo único que te puede ayudar a reconectar. Parar y mirar hacia dentro, hacia ti. Preguntarte una y otra vez para qué haces lo que haces y qué sientes con eso que haces.

Y esta parada no llega necesariamente desde un acto consciente, es decir, "me digo a mi misma que como no me reconozco, voy a parar a reflexionar qué estoy haciendo o quién ese esa que hace las cosas por mí", y mágicamente me pongo a ello. Ojalá fuera tan fácil. Cuando yo estoy ahí, desconectada, soy capaz de verme desde fuera, pero soy incapaz de cambiar lo que veo. En mi caso, volver de las vacaciones ha sido lo que me ha conectado de nuevo. ¡Que paradójico!, ¿verdad? Esperaba que las vacaciones me ayudasen a sentirme más en contacto conmigo (puesto que dejaba las obligaciones laborales y sociales apartadas) y en cambio ha ocurrido justo al contrario.

Mi gran suerte es que en este trabajo que he elegido, no tengo un horario que cumplir, y eso me ha dejado tiempo suficiente para que la conexión haya vuelto poco a poco. Lo cierto es que he empezado al ralentí, con poca energía, con mucho ruido en la cabeza y pocas ganas de tomar decisiones. Pero es un comienzo, una pequeña salida de esta cueva de la desconexión que me atrapa y me engulle.

Seguro que tú tienes tus mecanismos para parar, reflexionar y reconectar contigo. Puede ser la rutina que te impone tu trabajo, o la necesaria para atender a tu familia, o las cosas cotidianas y conocidas que te dan seguridad... Cada uno tenemos mecanismos y estrategias diferentes, y lo importante es que nos sirvan. A menudo (como en mi caso) tardan en llegar más de lo que me gustaría, pero acaban haciéndolo, y lo importante es estar ahí preparado para recibirlos y aprovecharlos.

Así que este Septiembre lo comienzo poco a poco, de manera pausada y reflexiva, sin tener claro a dónde voy y cuando voy a llegar, y te invito a ti a hacer lo mismo, a tomarte este principio con calma, justo al revés de lo habitual, justo al revés de lo que se espera después de las vacaciones. Te invito a dejar espacio a que las cosas vayan llegando, sin prisa por tomarlas, sin agobio, pensando que no todo tienes que afrontarlo hoy mismo, que hay tiempo, y que cada cosa tiene su momento.


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