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¿De qué manera rindes en tu trabajo?

¿Cómo sueles estar en tu trabajo? ¿Enfocado o distraído? ¿Cuántas veces te pillas pensando en algo personal mientras trabajas?

Las personas no somos máquinas, así que aunque nuestro cerebro es capaz de compartir más de un pensamiento, emoción o sentimiento de manera simultánea, nosotros tan solo somos capaces de focalizar de manera consciente uno de ellos. El resto se nos muestran, sabemos que están ahí, a veces pasan más desapercibidos, pero necesitamos prestar atención a uno de ellos, tan solo a uno para mirarlo, trabajarlo y comprenderlo.

hombre en una posición de yoga
Photo by Form on Unsplash

Cuando algo no funciona o nos preocupa en el ámbito personal, el ámbito laboral se resiente, es así. También ocurre al revés, porque somos como vasos comunicantes, lo que ocurre en un espacio se traslada al otro. Pensar que podemos parcelar nuestra vida es una utopía, y pensar que podemos atender a todo lo que sucede a nuestro alrededor con la misma entrega es engañarnos. Es muy complicado manejar los temas emocionales todos de golpe y con la misma intensidad.

A veces pienso que nuestra vida es como la de un malabarista haciendo un show diario, que pone en el aire unas cuantas pelotas, y las mueve constantemente. A veces pone más bolas en juego y otras menos, pero siempre están en movimiento. Y además de eso, mira a su público, cuenta su vida, cuenta un chiste...

¿Qué ocurriría si en plena actuación del malabarista, le damos de repente una bola más grande, o una más pesada? Pues obviamente lo notaría, se desequilibraría y perdería fluidez en su juego. Quizá pueda aprender rápidamente cómo seguir jugando con esa nueva pelota y se adapte, aunque quizá no sea capaz y las pelotas se acaben cayendo al suelo.

Esto nos ocurre a nosotros. Cuando estamos trabajando, es como si nos pusiéramos delante de nuestro público y empezáramos a jugar con nuestras pelotas personales. Si todas son iguales, o son conocidas, estaremos equilibrados, jugaremos enfocados, y con habilidad y práctica podremos terminar nuestro show con éxito. Si somos capaces de sostener nuestras situaciones personales, sabiendo que están ahí, que tan solo las podemos atender de refilón, pero que no podemos dejarlas caer, podremos trabajar enfocados y equilibrados.

Si por el contrario olvidamos que tenemos algunos temas personales que sostener cuando llegamos al trabajo, nos sentiremos quizá aliviados porque estamos en un espacio en el que no atender lo personal, pero nuestro show se verá incompleto y probablemente mediocre o poco auténtico. No podremos mantener nuestro juego de pelotas en el aire, porque habrá algunas con las que no queramos jugar, otras que nos pesan demasiado, y acabarán cayéndose, lo significa que trabajaremos desequilibrados.

¿Cómo puedes hacer para trabajar de manera consciente, sabiendo lo que tienes en el aire, y a la vez manteniendo el foco en lo que toca a cada momento? Yo tengo dos maneras de hacerlo.

1. Guarda en un baúl cerrado aquello que no te deja trabajar

Yo suelo imaginar los problemas que me desequilibran como objetos. No necesito que sean objetos específicos, algunas veces imagino que son cubos de colores, otras que son piezas de un puzle, y otras los imagino incluso como algo sin forma física, como una energía. Además, imagino un baúl grande y con un cerrojo o un candado. Y entonces, abro el baúl y meto dentro aquello que no puedo atender en este momento, y me digo que eso que guardo lo hago de manera temporal, no lo escondo para olvidarlo, sino que en breve lo voy a retomar. Creo que esto es importante, puesto que la idea de guardar un problema puede llevarte a pensar que deber esconderlo y no afrontarlo, pero lo cierto es que aquello que guardas aparece una y otra vez ante ti para que lo mires, lo afrontes y hagas algo con ello. Por eso, el baúl en el que puedes guardar tu problema tiene fecha tope, sirve para ayudarte a estar equilibrado y enfocado, guardando de manera temporal aquello que te cuesta sostener.

2. Agradece

Otro de los recursos que suelo utilizar para enfocarme en el trabajo es pensar en todas las personas o cosas que hacen que pueda trabajar, y entonces agradezco que estén presentes en ese momento, agradezco su contribución para que yo pueda estar presente y consciente en el trabajo. Es decir, si dejas a tus hijos al cuidado de alguien, o en el colegio, o alguien te hace las labores en casa; si alguien te acerca en coche al trabajo, o se encarga de hacerte el almuerzo. Todas estas pequeñas cosas y personas que hacen que llegues a tu trabajo enfocado y equilibrado, son importantes, porque quizá sin ellas no estarías donde estás.  Así que piensa en ellas y agradece que día tras día estén ahí para que tú puedas enfocarte en tu trabajo, en tu show de malabares.

Cuando yo hago estos dos ejercicios, muchas veces me salen a la vez, o empiezo por uno y salto al otro, sobre todo porque a mi los problemas que no puedo resolver inmediatamente se me cruzan delante y me bloquean, con lo cual para permanecer consciente en mi trabajo, tengo que vaciar la mente agradeciendo, y guardar aquello que me perturba y no puedo solucionar en mi baúl personal.

Si te haces consciente de todas las cosas que sujetas y sostienes (como las bolas del malabarista), estarás preparado para enfocarte y equilibrarte en aquello que toque en cada momento, ya sea trabajo, ya sea ocio.


Hoy puedes comenzar a reflexionar sobre aquello que sostienes y que te desequilibra, y puedes contármelo dejando un comentario más abajo.

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Comentarios

  1. Hola Aurora,
    Después de leer tu artículo, creo que voy a poner en práctica la idea de guardar en un bául todo aquello del ámbito personal que me perturba en el trabajo y, viceversa; guardaré cuando esté en casa, aquello del terreno laboral que me distrae en el ámbito doméstico.
    Para guardar hay que hacer primero un ejercicio de reflexión, de repaso, que nos conducirá inevitablemente a la elección: "al qué guardo". En cierta medida, al orden. Y esa acción por sí misma ya conlleva paz. Lo que te perturba ahora sabes qué es y dónde está. Y lo retomarás o volverás a ello cuándo abras de nuevo el baúl.
    Gracias por ayudarme a reflexionar.
    Un abrazo,
    Geli

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