Cuando tu padre es tu jefe

Durante 16 años mi padre ha sido mi jefe. ¡Es toda una experiencia ésta! Seguro que conoces a alguien que trabaja en una empresa familiar, o quizá eres tú quien lo hace. Y es que la empresa familiar es una estructura muy habitual en el tejido laboral. Y a mí me parece que tiene sentido, puesto que cuando alguien emprende, necesita una persona en la que apoyarse, alguien de confianza, y en muchas ocasiones esa persona es la pareja, con lo cual, casi sin darnos cuenta hemos creado una empresa familiar.

A mí me ha tocado vivir esto en segunda generación, es decir, mi padre había creado su empresa con tres antiguos compañeros de trabajo. Cuando yo llegué, me pareció la oportunidad de mi vida. Un espacio seguro porque estaba mi padre, porque era el jefe, porque de allí nadie me iba a echar. Él me puso la alfombra roja para entrar y me dio la libertad de aprender haciendo, teniendo en él al mejor mentor posible. Pero esta escena que me parecía tan idílica, se convirtió en una cárcel de lealtad de la que es complicado salir. Un espacio lleno de dinámicas invisibles, que poco a poco van derivando nuestros pensamientos y nuestras acciones hacia lugares donde el cambio es una pelea diaria y complicada. Estas dinámicas en su mayoría tienen que ver con cómo nos relacionamos con las personas de la empresa, y esto es así para todas las organizaciones, pero en las familiares es como tener un campo recién abonado, llueve, sale el sol y la hierba crece y crece sin problemas.


Esto es lo que te puede ocurrir trabajando con tu padre, tal y como me sucedía a mí, que se mezclaban constantemente los sistemas, a todos los niveles. Lo explico en lo concreto.

Primero, nunca sabes cuando habla tu padre y cuando tu jefe, con lo cual pasas el día confundido sin saber hasta donde eres cordial, hasta donde un empleado de confianza, hasta que llega el momento en que te das cuenta de que por su tono de voz eres “su niña”. No sé si el hecho ser hija tiene un extra de dificultad, en cualquier caso, hombre o mujer, la mezcla de la figura del padre con la del jefes es cuando menos explosiva, y sobre todo si tu padre es de aquellos que se han hecho a sí mismos, que son super eficaces en el trabajo, controlan todo y de todo saben.

En segundo lugar está el hecho de cómo te diriges a esa persona que aquí es jefe y allá padre. Y también como lo nombran los demás cuando te hablan de él. Cualquier nombre que yo utilizara para llamarle me parecía fuera de contexto, tanto su nombre de pila como “papá”. Así que evitaba a toda costa nombrarle, y llamaba su atención de manera visual para conseguir que me atendiera.

Tercero, las discusiones, porque las hay, obviamente como en todo ambiente laboral y como en toda casa. Pero quién discute, ¿el padre o el jefe?; cuál es el tema, ¿algo laboral o algo personal? Incluso me atrevo a decir que lo personal aparece mucho en lo laboral. Esto dicho así es casi una perogrullada, es lógico puesto que somos personas y los temas personales nos afectan en lo laboral, pero creo que en la empresa familiar puede llegar más lejos incluso, pudiendo tratar temas personales en espacios de trabajo compartidos con otras personas, o en momentos donde no es pertinente, como delante de un cliente.

Por último, en mi caso nunca sabía si mi trabajo lo hacía bien, de manera satisfactoria, puesto que lo que me decía mi jefe estaba claramente sesgado por lo que opinaba mi padre, y esto ocurría cuando había felicitaciones y cuando había palos. Es difícil en este ambiente ser reconocido por tu valía profesional, porque demasiado habitualmente el entorno ve el parentesco antes que la profesionalidad.

Son muchas las dinámicas en este tipo de relación padre-hij@, jefe-emplead@, y lo interesante es que ahora puedo echar la vista atrás, aprender de la vivencia y compartirla.  A medida que fue pasando el tiempo en esta relación laboral-personal, y poniendo mucha consciencia en ello, aprendí dos conceptos muy importantes: los roles y el sistema. Cuando empecé a mirar desde ahí, todo cobró sentido, aunque he de reconocer que ya era tarde para nosotros, nuestra dinámica ya estaba montada y mezclábamos constantemente todo.

Me explico. Para que todo funcione de una manera más equilibrada en casos como este, hay que distinguir claramente el sistema familia y el sistema empresa, y en consecuencia hay que separar los roles de padre-hij@ en la familia, de los roles de jefe-emplead@ en la empresa. Así a bote pronto parece realmente sencillo, pero en la práctica no lo es, hay que poner mucha atención, mucha consciencia y marcar los límites de cada relación para cada espacio.

Quiero decir, que es interesante juntarse los dos actores y aclarar cómo se van a relacionar en uno y otro espacio, cómo se van a nombrar, cuales van a ser las atribuciones de cada uno, dónde se va a respetar la cadena de mando. Podemos hacerlo imaginando que esa persona no es nuestro padre, y así podremos ver cual es el tipo de relación más adecuada, cuáles serían los límites, etc… Y es importante compartirlo y negociarlo con el otro, puesto que el inconsciente y las dinámicas aprendidas (las rutinas), nos van a llevar a relacionarnos de la manera que es más habitual para ambos, la familiar.

En mi caso, siempre me he llevado bien con mi padre, siempre nos hemos entendido, pero ahora que ya no trabajamos juntos, puedo ver lo bueno que hubiera sido para los dos y para la empresa que hubiéramos hecho este pequeño trabajo, el gran potencial de ambos que habría estado dispuesto al servicio de la empresa.




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